Al este del Edén se encuentra la tierra a la que fueron expulsados Adán y Eva después de probar el fruto del conocimiento. Allí se instala Caín luego de ser desterrado por Dios Padre. Pero ¿qué implica vivir fuera del paraíso? O mejor dicho: ¿qué significa vivir fuera del Edén, ese espacio habitado por la culpa, el sufrimiento y el conflicto? Vayamos a la serie: Lee, el criado chino, es un lector curioso que busca respuestas en los libros y, consultando distintas versiones de la Biblia encuentra una posible clave en timshel, término que, según la interpretación que recupera la novela, significa «tú puedes». ¿Qué podemos hacer, entonces, los seres humanos, con todas nuestras imperfecciones? La miniserie retoma, como la novela, la tradición bíblica y explora el problema del bien y del mal, así como la pregunta acerca de si una persona puede nacer malvada o convertirse en alguien así a lo largo de su vida. Quizá Cathy aprende a sobrevivir en el camino y convierte esa experiencia en una herramienta para desenvolverse en un mundo en el que las mujeres tienen escaso poder más allá del ámbito doméstico. En el segundo capítulo, recuerda el momento en que alguien le muestra unos caramelos y la guía hacia un lugar oscuro, entre unos matorrales, cuando ella tiene apenas cinco años. Más tarde, se pregunta: “¿Era la misma cuando desperté esta mañana? Si no soy la misma, ¿quién soy?”. Luego, en otra escena, vemos la reprimenda de su padre, quien le grita: “Soy tu padre, Dios me dio autoridad sobre ti. Me ampara el Estado. Eres mi propiedad. ¿Sí entiendes? Si te has profanado, profanaste mi propiedad. Te voy a castigar como yo quiera. No olvides quién soy”. Acto seguido, vemos la casa incendiarse con sus padres dentro.
La vida no le depara nada placentero a una niña
que busca aprender el viejo oficio. Cathy comprende tempranamente que, para
evitar que los demás la sometan, necesita alcanzar una posición que le permita desviar
el río correctamente para generar poder. Al mismo tiempo, quienes pasan por su
vida y dicen amarla son también quienes la lastiman de una u otra forma.
Paradójicamente, ella parece ser una maestra en reconocer y satisfacer las
necesidades ajenas, aunque eso no significa que los demás escuchen lo que verdaderamente
desea. En esta contradicción se puede leer parte de su modo de relacionarse con
el mundo: Cathy aprende a identificar las necesidades de los otros, pero no
encuentra en esos vínculos un espacio de reconocimiento para sí misma.
¿Somos los seres humanos libres de elegir? ¿Hasta
dónde llega nuestra responsabilidad moral y hasta qué punto nuestras decisiones
están subordinadas a las circunstancias? Para explorar estas preguntas, me
voy a detener en algunos diálogos de la miniserie. Cuando Lee habla con Sam
sobre la historia de Caín y Abel, afirma: “Creo que es la historia de
todos. A lo que más le teme un niño es a que no lo amen. El rechazo es a lo que
le teme. Y con el rechazo viene el enojo. Con el enojo, la necesidad de venganza.
Y esa es la historia de la humanidad. Si el rechazo se eliminara, creo que el
humano no sería lo que es”. La reflexión vincula el rechazo con la
violencia y permite pensar cómo ciertas experiencias condicionan las acciones
humanas. Por su parte, Sam Hamilton, otro personaje que se la pasa tirando
factos, le recrimina a Adam su pasividad frente a la crianza de los gemelos y
le dice: “Que no te hayas ido no significa que estés”. Más adelante,
sostiene que “del saber viene la elección”. Cuando Adam visita a Kate
(Cathy) por primera y única vez en el burdel, le pregunta: “¿En todo el
mundo solo hay locura y maldad? ¿Estos hombres son malos y yo tonto? ¿Qué clase
de madre abandona a sus hijos? ¿Una tonta o una mala?”. También reflexiona
sobre lo terrible que sería saber que la bondad existe, pero que no se puede
alcanzar. Lee, a su vez, le dice a Adam: “Hay belleza en la verdad, incluso
si es una verdad horrible”, luego "es dificil saber qué es la felicidad con tantas cosas que no he hecho" y culmina una discusión diciendo "ante dos sendas morales tú sigues tu crianza". Finalmente, Lau, el cocinero y padre de Lee,
le pregunta a su hijo: “¿Por qué todavía piensas que alguien puede tener la
vida que planeó? Haz lo que puedas con lo que tienes”. Cada una de estas
intervenciones propone una respuesta diferente al problema de la libertad: las
decisiones humanas están atravesadas por el rechazo, el conocimiento, la
responsabilidad y las circunstancias que nos condicionan y no podemos controlar.
En un texto que encontré en la web, hallé
información sobre la investigación que John Steinbeck realizó en torno al
concepto de timshel para escribir Al este del Edén, novela
publicada en 1952 en la que se basa la miniserie. El fundamento teológico de la
obra se encuentra en Génesis 4:7, particularmente en ese término hebreo.
Mientras que la versión King James, o del Rey Jacobo, lo traduce como “thou
shalt” (deberás), Steinbeck, a partir de sus conversaciones con un especialista
en lengua hebrea, sostiene que una traducción más adecuada sería “thou mayest”
(tú puedes), expresión que introduce la posibilidad de elegir frente al pecado
y, con ella, una forma de libertad. Tenemos ante nosotros la posibilidad de
decidir si permanecemos varados en pensamientos oscuros abrazando el odio
ante situaciones como la traición, el dolor o la frustración, o elegimos no negar lo que nos pasó ni minimizar el dolor, pero sin permitir que esos sentimientos nos definan. Cada personaje es puesto a prueba y de uno u otra
forma, todos habitan al este del Edén, un espacio que, en esta lectura,
representa lo que queda más allá del paraíso y de la inocencia. Allí se
despliega la lucha moral, junto con las consecuencias de las decisiones que
cada uno toma.
Rescato las reflexiones sobre la importancia de
la literatura y su capacidad para intervenir en la vida de las personas. Alicia,
el personaje de Lewis Carroll es quien salva a Cathy cuando es una niña, y la
novela que lee y menciona en distintas ocasiones adquiere un lugar
significativo en la historia. La literatura se convierte en una presencia que
puede ofrecer otras formas de comprender la experiencia, reconocer el
sufrimiento y abrir posibilidades ahí donde la realidad parece cerrarlas.
Landra Darvulia